jueves, noviembre 10, 2005

Siempre es él

Suena el teléfono y es él, siempre es él. La ansiedad te paraliza, te consume y no te deja hacer nada, tu corazón se acelera y tienes la sensación de que todo vuelve a comenzar... tienes miedo, miedo de escuchar su voz, de verlo, de sólo imaginar volver a sentir sus manos en tu cuerpo.
El teléfono sigue sonando y sientes como si el sonido se fuera apoderando de ti y comienzas a pensar que si él llegara en este preciso instante, a tocar tu puerta, no podrías aguantar la tentación y te dejarías caer en sus brazos, olvidándote de todo el daño que te hizo. Hasta que, así como si nada, el ensordecedor sonido de acaba...
Tu ritmo cardiaco empieza volver a la normalidad, respiras y te sientas justo frente al espejo, que está al costado de tu cama. Te miras, con mucha atención, tal vez como hace años no lo hacías y te das cuenta que ya no tienes esa mirada tranquila, que te hacia tan cordial; que la alegría de tu rostro, se ha ido desapareciendo. Lloras, hasta que ya no queda ninguna lágrima. Te paras, tomas tus llaves, sales y caminas en dirección hacia su casa, con la única intención de enfrentarlo y así poder al fin, mirar hacia adelante.