La magia de la antipoesia
La obra de Nicanor Parra es antipoesía, es cercanía, es escribir de manera ágil, pero sin perder ese aire de creatividad y espontaneidad que provoca una sonrisa a quien entra en ese mundo de objetos comunes, que te permiten conectarte con la irreverencia del autor, “yo no soy lo que escribo, yo me rió de lo que escribo”.
Después de ir a ver la exposición de Nicanor Parra “Obras Públicas”, mirar la reacción de la gente y haber leído varias columnas que escribieron en relación a ella, creo que la frase que mejor define y sintetiza la instalación es una dicha Jorge Edwars, en su columna publicada en el diario La segunda “la muestra está hecha para reírse de buena gana o para sonreír tapándose la boca”. Eso es Parra, reírse de buena gana. Reírse de lo simple, de lo cotidiano, de un montón de calcetines, computadores o neumáticos.
Aunque claramente luego de haber revisado el comentario de Juan Pastor Mellado la exposición también provoca reacciones negativas y de incomprensión, precisamente por ese recalentamiento de cosas cotidianas que hace Parra. Sin embargo, creo que Mellado pese a que presenta una serie de argumentos claros y verosímiles en donde señala, por ejemplo, que la instalación es una mala cita a Dittborn, Duclos y Leppe. Su columna me resulta mal intencionada, porque en sus palabras deja ver que él no logra entender el mensaje de la antipoesía de Parra, en donde cualquier tipo de íntertexto es un recurso totalmente válido, como dice Edwards “Mellado lo está juzgando con una lupa equipada, y así también se equivocan todos los pretenden explicarlo a punta de simples referencias académicas”.
Aunque creo que si en algo tiene razón Mellado es en decir que Parra convirtió el Museo en un espacio de feria, que es precisamente lo que hace que la gente común y corriente se conecte con la obra, pese a que no tenga idea a qué se refiere Parra, por ejemplo, cuando habla de los tres grandes.
Guess, who, when, Where
La exposición tiene un aire pueblerino, es una instalación que te hace mirar la realidad chilena y el mundo del arte con un aire de ironía, pero pintoresca como dice Patricio Fernández “su genialidad radica en haber conseguido traspasar el temor de los gobernantes, el criterio formal de los especialitas, la pretensión de los filósofos, el potifruncismo de los estetas y la sacralización de los espacios”
El uso de los elementos gráficos y de lenguaje que hace Parra, claramente no son idea originales de él, sino utiliza recursos de vanguardias modernas como el dadaísmo, de hecho muchas de sus obras parecen ser creadas a partir de técnicas como el “automatismo psíquico” u otras son citas a obras de Duchamp. La instalación es una suma de expresiones, de técnicas tanto literarias como visuales, “Obras Públicas no es una exhibición de virtuosismo artesanal, ni una puesta demostración de talento gráfico, ni una apuesta por cambiarle el rumbo al devenir de las artes visuales”, afirma Fernández.
Su obra es un diálogo con el pueblo que se pasea por este nuevo espacio de las artes chilenas con cara sonriente y relajada mientras ve los artefactos que hablan de la realidad estadounidense, religión y la implicancia que ésta tiene para el hombre. Además de fotos que hablan del mundo indígena, aunque creo está parte resulta poco cercana y coherente con el resto de la exposición.
El antipoeta toma la historia de nuestro país, sus personajes y los presenta con el título “EL pago de chile” como una especie de síntesis del mundo cívico de nuestro país. Al mismo tiempo que presenta varios cortos audiovisuales que se ríen de historias cotidianas y pequeños diálogos dirigidos a su madre que dan la sensación de un regreso a un estado de inocencia.
Parra se toma los cimientos de la Moneda en una especie de reconocimiento a su obra y a sus más de noventa años de vida dedicados a crear un mundo propio. Sus artefactos hablan de su trayectoria, de su cambio, de su crecimiento, de su reconocimiento del pasado y del rescate que realiza de los basurales de lo cotidiano.







